Monday, September 25, 2006

Son las 2,34 de la madrugada. No tengo frío, tal vez algo de sueño, pero siento como si el mundo entero se volviera en mi contra. Debe de ser el peso de constantemente no saber lo que estoy haciendo, el peso de no saber hacia donde voy ni quien soy.

"Los individuos no tienen ninguna señal para orientarse en su vida. Sus actividades carecen de significado, excepto la de ganar dinero, cuando pueden. Todo objetivo colectivo ha desaparecido, cada uno ha quedado reducido a su existencia privada llenándola con ocio prefabricado. Los medios de comunicación suministran un ejemplo fantástico de este incremento de la insignificancia. Cualquier noticia dada por la televisión ocupa 24 o 48 horas y, enseguida, debe ser reemplazada por otra para «sostener el interés del público». La propagación y la multiplicación de las imágenes aniquilan el poder de la imagen y eclipsan el significado del suceso mismo."

Creo que la cita de Castoriadis refleja mi pesar, mi total y absoluta incapacidad para poder actuar de manera racional conmigo, ya que sólo se traduce en el actuar de la racionalidad "extraña" a mi.

"Quién soy, y por qué sufro siendolo"

Estoy completamente ausente, en una existencia precaria y absolutamente lejana de mi "ser". He sido arrojado para jamás volver, para no volver a ser el que alguna vez fui en mi "no ser". Ahora en la pudredumbre de mi existencia como no existencia debo de buscar el no sentido, como el sentido perdido por siempre...

"¿Las cosas son buenas por que Dios las quiere? o realmente Dios quiere las cosas buenas".

El Bien y el Mal...


Todo se desvanece, como cualquier concepto maniqueo que se destruye a si mismo.

Wednesday, June 21, 2006

IMPUESTOS Y DISCURSO SOCIAL

Las razones para no eliminar el impuesto especifico al petróleo y sus derivados no es un tema menor, al parecer a todos se les olvida como funciona el Estado. Es como una amnesia deliberada el pensar que es cosa de llegar y eliminar los impuestos, como si el Estado fuera una maquinaria de hacer billetes. A todos se les olvidó que la razón de la aplicación del bullado impuesto es la “reconstrucción de caminos y carreteras” luego del terremoto que azotó a Chile a principios de los años 80’. Entonces la pregunta no es por qué eliminarlo, sino por qué se mantiene; por qué hemos de mantener un impuesto que ya está fuera de cualquier legitimidad política y que ya no es ni siquiera justificable: carreteras concesionadas, impuesto especifico y permiso de circulación... hemos de pagar tres veces impuesto por la circulación de automóviles, buses y camiones. De una u otra forma cancelamos de forma directa o indirecta impuestos por la misma razón, tenemos que sacar de nuestros escuálidos bolsillos mayor cantidad de dinero para justificar impuestos injustificables. El tema de fondo es que, creo, el Estado chileno es incapaz de aplicar impuestos directos para el gasto en materia social, entonces es necesario, de acuerdo al Estado, la aplicación de artimañas de carácter legal para que paguemos todos lo que deberían de pagar sólo algunos. Y lo de referirme a todos es por que todos debemos de pagar los paliativos de carácter estatal en pos de los más desposeídos; un impuesto que debería tener carácter de tipo especifico a través de un aumento impositivo directo para aquellos que más tienen, y no un aumento impositivo a todos.
Es más fácil un discurso que apele a meterle la mano al bolsillo a todos en vez de meterle la mano al bolsillo de aquellos que si deben de pagar más. Es obvio el pensar de que aquellos que más consumen deben de pagar más, es totalmente ridículo el pensar que una familia con un ingreso de $250.000 consume y está en condiciones de pagar lo mismo que una familia con un ingreso de $1.000.000, pero es así, al menos así lo ha planteado históricamente el Estado de Chile. Entonces la primera familia debe de costear el gasto impositivo fiscal de la misma manera que la segunda familia, el jefe de familia de la primera deberá de pagar 30 pesos más por cada viaje en micro dando como resultado que deberá de cancelar mensualmente $1440 pesos de más en comparación al mes pasado; representando un gasto adicional del 0,5% de su sueldo al mes. En cambio el jefe de familia de la segunda familia, gastando los mismo $1440 pesos adicionales por el aumento de la locomoción, sólo vera aumentar en un 0,14 el gasto adicional de su sueldo en locomoción. Puede que esto sea sólo un ejemplo burdo, pero así podemos ejemplificar miles de casos, y cada uno de ellos nos dará como resultado que la carga impositiva fiscal no diferencia en nada a diferentes grupos con diferencias económica gigantescas... entre $125.000 al mes y $180.000 pesos al mes la diferencia porcentual de gasto por el aumento de la locomoción es abismante, pero el Estado no lo diferencia, al igual como no diferencia entre aquellos que ganan $800.000 y $1.3000. No se trata de fraccionarlo todo, pero si de lograr discernir que existen diferencias que hacen que no todos, al menos no de la misma manera, deben de cargar con el gasto impositivo del Estado.
El Estado ha sido incapaz de hacer pagar a los que deben de pagar, un miedo tácito a presionar a los grupos económicos de mayor poderío, y eso ha determinado que el gasto en materia social y fiscal del Estado se transforme en una carga pesada de llevar para los sectores más pobres y en un chiste para los sectores con mayores ingresos. El Estado ayuda a los pobres quitándole a los mismo pobres, mientras un Estado débil e incapaz apela a discursos de “gasto social” para seguir machacando con impuestos horizontales a una sociedad cada vez más vertical.

Tuesday, May 16, 2006

Leí el Código Da Vinci casi como una manera de poder conversar con mi familia y ciertos conocidos. Debe haber sido hace dos años cuando el libro en cuestión se convirtió en una suerte de lectura obligatoria dentro de ciertos círculos pseudo intelectuales y para gran parte de las personas que tienen una mediana formación académica. Un deber parecía, debías haber leído el libro; tanto para aplaudirlo como para hacerlo pedazos... no había opción, o estabas con el Código o estabas contra él. Yo fui de los que se leyó el libro con la misma voluntad con que debía leer las lecturas obligatorias del colegio, más que leerlo como entretención me dediqué a leerlo bajo la premisa de que era una basura de libro el cual debía estudiar para dejar al descubierto su gran cantidad de fallas y errores. Sin embargo sucedió algo inesperado; las fallas eran evidentes y no había ningún tipo de intención de investigación histórica, es por ello que era mejor disfrutar el famoso libro ya que era totalmente evidente que era tan sólo una ficción y nada más que eso. Leí el bullado libro con otra disposición al darme cuenta que era tan sólo, permítanme utilizar esta dudosa concepción: “recreación histórica de una ficción”. ¿Nada nuevo bajo el sol? Si, creo que hay en el libro de Brown algo interesante; es entretenido y eso, para las instituciones más respetables de nuestra sociedad occidental, es algo imperdonable ya que erosiona las bases mismas en las cuales se han conservado sus más oscuros secretos.
¿Cómo puedo llegar a señalar tamaña barbarie? ¿Cómo puedo llegar a señalar que los problemas entre la Iglesia, principalmente, y el bullado libro se deben a que es entretenido? Las razones son muchas, los sistemas de control y de exclusión que han utilizado las instituciones a lo largo de la historia han sido de variados tipos; desde someter e las masas al analfabetismo durante la época antigua hasta hacer callar a los intelectuales en épocas recientes... todo bajo el mismo fundamento de mantener en la ignorancia a las masas, evitar los cuestionamientos. ¿Qué tiene esto que ver? Existe un nexo, existe algo que es imperdonable en el libro de Brown; el hacer llegar a los “muchos” una gran cantidad de cuestionamientos que se hacían unos “pocos”. La masificación de los medios, y especialmente de internet, a puesto a disposición de “quien quiera” información que antes sólo estaba reservada para estudiosos del tema y para eruditos. Así como ahora cualquiera puede “navegar” en busca de una receta de cocina, los ingredientes de una bomba o saber como estarán las condiciones atmosféricas en Pekín, también puede, si así lo quiere e interesa, investigar sobre la formación histórica de la Iglesia, el poder del Opus Dei o tener a su disposición los evangelios apócrifos. Creo que ahí radica el “peligro” que ha visto la Iglesia, y ciertas instituciones, en el libro de Brown y, ahora aun más, con el estreno de la película: el poner a disposición de todos ciertos cuestionamientos que estaban cerrados sólo para algunos pocos, el haber abierto, en un lenguaje coloquial y masivo, un abismo de dudas que hacen tambalear a un “gigante con los pies de barro”.
El libro de Brown no deja de ser una ficción, claro está, pero basado en ciertos hechos de carácter histórico que hacen que el lector no sólo se entretenga con el libro, sino que también sienta que “algo de cierto existe en él”. Ese es el problema, que a pesar de ser una obra de ficción tiene elementos históricos que hacen que los mayores cuestionamientos nazcan del propio lector, no del autor, y eso hace que crezca en él la necesidad de dudar sobre aquellos cimientos que durante siglos la Iglesia construyó basado en el secreto, la omisión y el silencio. Eso es lo “imperdonable” del Código Da Vinci; el ser una puerta para los cuestionamientos sobre temas que la Iglesia creyó zanjados y cerrados para el “común de los mortales”.
La Iglesia queda al desnudo, no por el libro mismo, sino por qué su lectura es una puerta para el cuestionamiento y la duda. Lutero al traducir la Biblia al alemán puso a disposición de todo aquel que pudiera leer un texto que sólo estaba reservado para algunos, ahora es Dan Brown, guardando las proporciones, quien pone a disposición de todos una gran cantidad de dudas sobre la Iglesia. Aquellos cimientos gruesos, perfectos y sólidos sobre los cuales la Iglesia se cimentó durante dos mil años aparecen ahora como un “queso” con variados y diferentes agujeros por llenar; agujeros que hacen aparecer las dudas, agujeros que nos hacen ver que tanta certeza no es tal, agujeros que, como cualquier historia, necesitan ser llenados “a como de lugar”.
“Ver para creer”, pero aquello que no observamos o que no sabemos su existencia no es cuestionado, por su misma “inexistencia”, ahora la Iglesia se encuentra ante el problema que tiene que hacer visible, comprobable y transparente un conjunto de elementos que antes sólo eran cuestionados por “eruditos del tema”, ahora debe “responder” a sus fieles y detractores que nacen, ya no de universidades o institutos, sino desde cualquier sector de la sociedad. Los centros de estudios fundados por la Iglesia, y la Iglesia misma, no tienen la capacidad de enfrentarse a un “hombre común y corriente”, están acostumbrados a lidiar dentro de ámbitos académicos, universitarios y doctos... lo más lejos que existe de aquel público que leyó, se maravilló y se entretuvo con el Código Da Vinci.